sábado, 6 de junio de 2015

LES ASEGURO QUE ESA POBRE VIUDA HA PUESTO MÁS, QUE CUALQUIERA DE LOS OTROS



Jesús enseñaba a la multitud:

«Cuídense de los escribas, a quienes les gusta pasearse con largas vestiduras, ser saludados en las plazas y ocupar los primeros asientos en las sinagogas y los banquetes; que devoran los bienes de las viudas y fingen hacer largas oraciones. Éstos serán juzgados con más severidad».

Jesús se sentó frente a la sala del tesoro del Templo y miraba cómo la gente depositaba su limosna. Muchos ricos daban en abundancia. Llegó una viuda de condición humilde y colocó dos pequeñas monedas de cobre.

Entonces Él llamó a sus discípulos y les dijo: «Les aseguro que esta pobre viuda ha puesto más que cualquiera de los otros, porque todos han dado de lo que les sobraba, pero ella, de su indigencia, dio todo lo que poseía, todo lo que tenía para vivir».

Palabra del Señor

¿Qué me quieres decir, Señor?

¿Cómo puedo hacer realidad este evangelio en mi vida?


Jesús se fija en las actitudes de las personas. Algunos buscan los primeros puestos en los banquetes, buscan los asientos de honor, que les hagan reverencias por las calles, y devoran los bienes de las viudas con pretexto de largos rezos.

Pedimos perdón porque también vivimos actitudes semejantes. Invocamos al Espíritu para que nos conceda fuerza para superarlas.

Y se fija también en esa pobre viuda, que echó una miseria en el cepillo del templo. Era todo lo que tenía para vivir.

Gracias, Señor, por los pobres que nada tienen y aún reparten, por las personas que pasan sed y agua nos dan, por los débiles que a su hermano fortalecen, por los que sufren y comparten su consuelo, por los que esperan y contagian su esperanza, por los que aman aunque el odio les rodee.

Gracias, Señor, cuando crece la alegría y nos inunda, cuando dicen nuestros labios la verdad, cuando amamos el sentir de los sencillos, cuando abunda el bien y llena los hogares, cuando un hombre donde hay guerra pone paz, cuando hermano, le llamamos al extraño.

Gracias, Señor, por estos milagros que suceden cada día, sin que a veces nos demos cuenta.

Amén

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