martes, 23 de junio de 2015

ENTREN POR LA PUERTA ESTRECHA



Jesús dijo a sus discípulos:

No den las cosas sagradas a los perros, ni arrojen sus perlas a los cerdos, no sea que las pisoteen y después se vuelvan contra ustedes para destrozarlos.

Todo lo que deseen que los demás hagan por ustedes, háganlo por ellos: en esto consiste la Ley y los Profetas.

Entren por la puerta estrecha, porque es ancha la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y son muchos los que van por allí. Pero es angosta la puerta y estrecho el camino que lleva a la Vida, y son pocos los que lo encuentran.

Palabra del Señor

¿Qué me quieres decir, Señor?

¿Cómo puedo hacer realidad este evangelio en mi vida?

No deis lo santo a los perros, ni echéis vuestras perlas a los cerdos. ¡Qué duras son las palabras de Jesús! Son tan duras como verdaderas. A veces ofrecemos lo mejor de nosotros mismos, los tesoros de nuestra fe, las perlas de nuestra intimidad a personas que, con culpa o sin ella, no están  capacitadas para comprender, para acoger con respeto, para valorar el don que se les ofrece.
No nos quiere decir Jesús esas personas no merezcan nuestro amor. El amor debe ser generoso, pero no puede ser ciego, ha de ser inteligente. Un amor ciego no ayuda ni al amante ni al amado.
¿Qué te dice Dios? ¿Qué le dices?

Tratad a los demás como queréis que ellos os traten. Para actuar así hay que ponerse en la piel del otro, descubrir las necesidades profundas y tratar de responder a esas necesidades. No significa simplemente dar a cada uno lo que pide. A veces necesitamos ánimo, otras veces freno; en algunas ocasiones precisamos comprensión, en otras crítica; hay momentos en los que nos hace bien un pellizco y en otros un caricia...

Tratad a los demás como queréis que ellos os traten.

¿Qué te dice Dios? ¿Qué le dices?

Entrad por la puerta estrecha y avanzad por el camino angosto. Entrad porque conducen a la Vida.

¿Cómo son las puertas y el camino de tu vida? ¿A dónde conducen? ¿Qué le dices a Dios?

Mi equipaje será ligero, para poder avanzar rápido.

Tendré que dejar tras de mí la carga inútil: las dudas que paralizan y no me dejan moverme.

Los temores que me impiden saltar al vacío contigo.

Las cosas que me encadenan y me aseguran. Tendré que dejar tras de mí el espejo de mí mismo, el “yo” como únicas gafas, mi palabra ruidosa.

Y llevaré todo aquello que no pesa: Muchos nombres con su historia, mil rostros en el recuerdo, la vida en el horizonte, proyectos para el camino.

Valor si tú me lo das, amor que cura y no exige. Tú como guía y maestro, y una oración que te haga presente:

“A ti, Señor, levanto mi alma, en ti confío, no me dejes. Enséñame tu camino, mira mi esfuerzo. Perdona mis faltas. Ilumina mi vida, porque espero en ti".

Amén

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